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La jubilación, para muchos ya no es el fin, sino un nuevo comienzo

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Adultos mayores que antiguamente se desempeñaban en ámbitos profesionales y de diversa índole, deciden, por gusto o por necesidad, continuar vigentes en el ámbito laboral, sin que esto demerite su entereza


Por Diana Arista

Al concluir la vida laboral en la trayectoria de una persona, llega el momento de cambiar de rutina, y hacer frente a las horas vacías que deja la jornada laboral tras años de actividades, adaptándose a un plan de pensiones que si bien apoya la economía, resulta insuficiente frente a los altos costos de la vida diaria, destacan personas de la tercera edad.

Ante este panorama adultos mayores que antiguamente se desempeñaban en ámbitos profesionales y de diversa índole, deciden, por gusto o por necesidad, continuar vigentes en el ámbito laboral, sin que esto demerite su entereza, mejor aún siendo el incentivo para sentirse activos, útiles y productivos. 

Jesús Gómez a sus 65 años, contador de profesión y ya retirado de la escena laboral, actualmente embolsa productos en un supermercado de la zona de Mezcales, Bahía de Banderas. Con la serenidad de sus años en el rostro dice sentirse contento con la oportunidad de seguir siendo productivo, “cuando uno llega a los sesenta ya nadie te contrata, ya perdiste vigencia, pero aún no se te acaban las ganas ni la necesidad de trabajar, así que hay que buscarle por otro lado, y así buscando encontré esta oportunidad, que agradezco exista para los adultos mayores, me siento muy a gusto con lo que hago”.

Si bien es cierto que la jubilación es una etapa para aprovechar el tiempo libre en actividades recreativas y de esparcimiento, según se cree de forma idealista entre la sociedad mexicana, también lo es que existen personas que han hecho del trabajo su medio de vida, y su mejor forma de transitar esta etapa es laborando como en sus años de juventud.

Timotea Sanchéz, de 57 años, trabajadora de limpieza durante la mayor parte de su vida, jubilada y compañera de Jesús, recién entró a colaborar en el supermercado de Mezcales, pero aseguró que le va muy bien, “en el trabajo anterior hacía lo mismo, embolsaba la mercancía de los clientes, pero había pocas ganancias, aquí somos más personas pero hay más movimiento, más venta, por eso a todos nos va bien, a los niños y a los ancianitos que le hacemos de cerillos, como comúnmente nos llaman”.

EL TRABAJO, LA MEJOR MEDICINA

Con una jornada laboral diaria de cuatro horas, adultos mayores como Jesús y Timotea tienen la oportunidad de seguir desempeñándose en una labor que no representa mayores esfuerzos y que sin contar con un sueldo fijo se ve remunerada por las propinas de los clientes, “en un día regular gano 70 u 80 pesos, en un día bueno me llevo 120 a casa” comparte Jesús.

Jesús acude a su trabajo desde su casa en Ixtapa, pero confiesa que la distancia no es obstáculo, cuando lo que se hace reconforta, “gustoso salgo de mi casa, porque sé que regresare con unos pesos en la bolsa y lleno de la satisfacción de hacer algo productivo durante el día, a qué me quedo en la casa, ¿a ver televisión, aburrirme y enfermarme? no gracias”.

“Es bueno que exista esta oportunidad para nosotros, que nos permitan ganar un dinerito extra, porque con lo de la pensión no alcanza”, asegura Timotea, “además no nos exigen muchos documentos, una carta del DIF que nos autoriza para colaborar con la empresa, un examen médico, entre otros, pero en general, nos facilitan el ingreso”.

“Mejor trabajar que depender de la familia o los hijos”, pareciera el lema de quienes ya entrados en años, con la vitalidad a cuestas y la entereza a flor de piel, deciden seguir laborando, aunque a un ritmo menor, lo cual les otorga a su vez la oportunidad de conocer personas y entablar nuevas relaciones sociales.

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